Julio Gutiérrez

El expresidente español espera una explicación del Gobierno que justifique su acercamiento a las tesis de Marruecos en el conflicto del Sáhara Occidental
«Hasta hace pocos meses el problema de la inmigración en Europa se situaba en Lampedusa y hoy está en Canarias, eso es un hecho». En estos términos se expresó ayer el expresidente de España José María Aznar, que tampoco se mostró satisfecho con el acuerdo alcanzado para el reparto de los menores migrantes atrapados en las Islas. «Melilla va a recibir más que Cataluña, estamos instalados en el disparate», afirmó.
Continuando con las comparaciones con la comunidad autónoma más nororiental, Aznar también recalcó que mientras «Madrid va a recibir a 750», a Cataluña «llegarán 20», un desequilibrio cuantitativo en el que vislumbra «una venganza política». El también presidente de FAES acudió a la capital grancanaria como protagonista del acto organizado por Foro Canarias.
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, explicó hace semanas que entre los criterios que se tienen en cuenta para la distribución está el «esfuerzo» realizado hasta la fecha por cada comunidad autónoma y que el catalán supera ampliamente al madrileño. Desde el PP, en cambio, sostienen que la diferencia solo responde a las concesiones a Junts con las que los socialistas intentan garantizarse el apoyo parlamentario para las grandes cuestiones.
Acuerdo de Estado
¿Cómo abordar entonces el reto migratorio? Con «un gran acuerdo de Estado» al modo de los que se alcanzaban en su etapa como presidente en asuntos tales como el terrorismo. Sin embargo, el panorama político actual español no deja espacio para grandes consensos. A juicio de José María Aznar, porque en aquellos tiempos había dos grandes pilares: el PSOE, como exponente del centroizquierda y el PP, del centroderecha.
En su opinión, los socialistas se han «convertido en un partido radical de izquierda» que ha decidido aliarse con el «partido comunista, los separatistas y los antiguos terroristas de ETA», que son los que, aseguró, «están en el Gobierno de España».
Sobre el cambio de rumbo que ha tomado España en torno a la situación del Sáhara Occidental, el expresidente demandó una explicación por parte del Ejecutivo estatal. «España tiene una posición tradicional en torno al Sáhara. Como todas, se puede cambiar, pero hay que explicar por qué» y «buscar un consenso razonable» que lo avale.
Durante las dos legislaturas en las que estuvo al frente del país, Aznar se mantuvo dentro de las lindes fijada por el plan Baker, que incluía la celebración de un referéndum de autodeterminación. Fueron los años en los que el país vecino invadió el islote Perejil o se produjo el atentado contra la Casa de España de Casablanca.
«En las relaciones internacionales hay que mantener unas posiciones nítidas, que vienen muy determinadas por las capacidades de quien las defiende. Un país es tanto más fuerte si sus instituciones, su economía, su poder tecnológico y militar o sus aliados lo son. Si debilitas eso, no te puedes extrañar de que otros intenten aprovechar la situación», expuso.
Mientras tanto, a la espera de que llegue el porqué del cambio de paso del Gobierno de España –«no hay ninguna razón, habrá otras inexplicables», señaló–, él se mantiene en la misma posición de la celebración de un referéndum, que es la fijada por Naciones Unidas (ONU).
Este organismo, vértice de las relaciones tras la Segunda Guerra Mundial, no atraviesa un buen momento. «En gran medida depende de la voluntad de las grandes potencias, que están más en la competencia que en la cooperación». Tras el último gran conflicto, Europa se situó como «uno de los pilares», pero eso va a cambiar «dramáticamente», lo que traerá problemas al Viejo Continente.
Aznar definió el nuevo mundo surgido de ahí como «inestable e inseguro». A su juicio, «estamos destruyendo un orden que no estamos sustituyendo por otro, por lo que prevalece la fuerza sobre la norma, la presión sobre la razón y el abuso sobre la alianza. Al respecto, y en relación a la agresión rusa contra Ucrania, advirtió de que «los agresores no pueden ser premiados, porque si no todo el mundo se apuntará a ser un agresor», lo que elevó a la condición de «uno de los riesgos fundamentales del mundo de hoy».
Los desaires de Donald Trump, aranceles mediante contra, entre otros, Bruselas, los tradujo como un mensaje del presidente estadounidense mediante el que comunica a Europa que ya «no es el centro de las cuestiones internacionales ni el aliado principal de EEUU». Un cambio de paso que obliga a explora un nuevo futuro. «¿Contra EEUU? Pues mi respuesta es que no. ¿Sin EEUU? Pues tampoco. ¿Que tenemos que decidir una nueva relación con EEUU? Mi respuesta es que sí», razonó.
La ONU ya padeció desde tiempo pasado la sordera de determinadas naciones en asuntos como el mencionado referéndum de autodeterminación del Sáhara o la invasión de Irak de 2003 sin el beneplácito del Consejo de Seguridad. «Cumplimos todas las resoluciones», sostuvo, no obstante, un Aznar que analizó del siguiente modo la situación de Oriente Medio: «El genocidio fue atacar a Israel; tiene derecho a defenderse».
Democracia iliberal
Para José María Aznar, el actual Gobierno de España, con su presidente, Pedro Sánchez, a la cabeza se encamina hacia una democracia iliberal, uno de esos sistemas que han puesto de moda personajes como el húngaro Viktor Orban. ¿Por qué lo dice? Por ejemplo, «por todas las teorías que justifican que existe un supuesto derecho del pueblo por encima de la ley, eso se ha llamado toda la vida fascismo, totalitarismo, nazismo, comunismo…», afirmó ayer. También por «las cuestiones que afectan a la Fiscalía General del Estado» o por no presentar un presupuesto, «cuando constitucionalmente se está obligado» a ello.